miércoles, 7 de junio de 2017

El entrenamiento en el arte marcial


por sensei Giacobone 




“Un hombre que ha dominado un arte lo revela en cada una de sus acciones”
Proverbio samurai


El verdadero secreto para convertirse en experto en el arte marcial es realizar que el entrenamiento es un proceso de auto-descubrimiento. Es un medio para volverse más saludable, más equilibrado y más eficiente.

Sin entrenamiento no hay Budo.
Sin disciplina, no hay entrenamiento.
Sin motivación no hay disciplina.
Sin confianza ni alegría no hay motivación.
Sin coraje ni valor no hay confianza.
Sin sabiduría no hay coraje.
Sin calma ni autocontrol no hay sabiduría.

Por supuesto Budo hace referencia al arte marcial como vía de desarrollo integral de la persona, no solo como arte de combate o un método de defensa personal.

El desarrollo integral incluye los tres niveles esenciales: cuerpo, mente y espíritu.

El verdadero Budo debe conducir hacia una evolución espiritual y un desarrollo físico, mental y moral de la persona, de manera que no solo sea beneficioso para ella individualmente sino para toda la sociedad, pero evidentemente el camino se recorre solo.

De manera que podemos esquematizar el entrenamiento en el arte marcial en tres aspectos:

-Entrenar el cuerpo
-entrenar la mente
-entrenar el espíritu

Esta claro que es un esquema para ayudarnos a comprender mejor, porque las tres condiciones existen juntas. De hecho uno de los objetivos fundamentales en el Budo es unificar el cuerpo y la mente.


Entrenando el cuerpo

“El camino está en el entrenamiento”

Una de las principales características de un verdadero arte marcial es su entrenamiento físico, pero a diferencia del deporte o de otros tipos de ejercicios físicos, el propósito no es competitivo sino el de desarrollar un cuerpo apto, es decir fuerte, resistente y flexible, para llevar a cabo las técnicas, logrando rapidez y eficacia.
El entrenamiento es, de hecho, lo que hace que el Budo valga la pena, porque todo lo bueno que proviene del arte marcial surge de los largos períodos de entrenamiento físico, que es lo que permite mejorar la capacidad y aumentar las habilidades, y esto beneficia a la mente que al ver que todo el “esfuerzo” se transforma en destreza y experiencia, gana en confianza y motivación.

Hay momentos mejores que otros, pero lo más importante es continuar esforzándose, repitiendo día tras día, la maestría en un arte no se consigue fácilmente y depende del nivel de compromiso del practicante y, por supuesto, de su corazón.
Una vida es apenas suficiente para conocer profundamente el arte marcial y esto es además porque está en constante evolución y cambio.


La clave para continuar y progresar en al camino, es tratar de no dejar huellas, es decir, el tipo de esfuerzo que surge de la obligación, de la voluntad que crea tensión y desagrado. Hay que purificarse y renovarse siempre con la virtud del entrenamiento, inspirándose en los pasos de los grandes maestros del pasado.

Hay que tener paciencia y comprender que todas las habilidades y el conocimiento se obtienen de forma progresiva.

“En tu adiestramiento, no te apresures, ya que dominar lo básico y llegar al primer peldaño lleva un mínimo de diez años. Nunca te imagines ser maestro de la perfección que todo lo conoce; debes continuar tu entrenamiento diario junto a tus amigos y discípulos y proseguir juntos en el Arte de la Paz.” (O’Sensei)


Entrenando la mente

“La mente es el camino”

La mente conduce a la energía. La energía se condensa en materia. La materia libera energía. La energía nutre a la mente.

No hay forma de obtener la maestría en el Budo sin usar la mente. De hecho, mente y cuerpo son inseparables. Lo que hace el cuerpo influye en la mente y lo que pensamos, incluso inconscientemente, afecta al cuerpo.
Si la mente se mueve el cuerpo la sigue. La postura y las actitudes del cuerpo influyen en la mente.
Es por eso que en el dojo es importante tener un control activo de la mente.
La atención y la concentración deben ser permanentes. Hay que desarrollar la capacidad de observación y el silencio interior. Es evidente que esto se consigue con la repetición, es decir, entrenando cotidianamente. Pero la sinceridad es esencial.
Sin un corazón puro y agradecido todo lo bueno se puede echar a perder.

Otro aspecto importante es evitar seguir las propias ilusiones y los puntos de vista erróneos. Crearse falsas expectativas sobre la práctica y sobre si mismo tarde o temprano generará desilusión, frustración y pérdida de la motivación y de la energía.
La mente se estanca y permite que pensamientos negativos la parasiten.
No hay que permitir que tales estados se desarrollen.

La mente se purifica con el silencio interior y con la negación, es decir con el no pensamiento, este tipo de autocontrol es indispensable para el cultivo de la mente.
La autocrítica también permite eliminar pensamientos negativos y errores de juicio.

La respiración y la actividad mental están íntimamente ligadas. Respiramos como pensamos y pensamos de la manera en que respiramos.

Durante el entrenamiento la respiración es fundamental. En Aikido se llama kokyu. Sin kokyu no hay arte marcial. Sin una respiración correcta no es posible proyectar la energía (ki) ni armonizarnos con el movimiento del adversario.

Una de las principales bases a las que hay que prestar gran atención es a la proyección continua del ki…. “kokyu ryoku”, el poder de la respiración, que debe estar presente en todo el proceso de ejecución de una técnica, desde su inicio.
La ejercitación del ki y su fluir continuo en la ejecución de las técnicas es una constante de trabajo en todos los maestros y practicantes verdaderos.

Todo surge de una mente en calma y un espíritu equilibrado, de esta forma el poder de la respiración puede hacer fluir y proyectar el ki sin obstáculos y en todas las direcciones.



Entrenando el espíritu

“La esencia del verdadero entrenamiento en el Budo es forjar el espíritu”

El verdadero arte marcial no es simplemente un método de autodefensa o técnicas de combate, es un camino para encontrar y comprender el sentido de la vida.
La mente es una función del espíritu, cumple su voluntad. El espíritu universal es infinito, no mueve. Es equilibrio perfecto. Para poder crear se mueve y este movimiento es la mente. El movimiento de la mente genera energía que, como se ha dicho, se concentra en materia.
La esencia de la materia es el espíritu. Nuestro cuerpo y todo  el universo físico es una manifestación del espíritu.
Nuestro espíritu individual, no está separado de la fuente original, del Espíritu o Conciencia creadora, que también podemos llamar Dios.

El espíritu habita en el corazón. Sin corazón no es posible continuar el camino, ni siquiera emprenderlo verdaderamente.
El Budo sin corazón, es como cerveza sin gas o como pescado seco, carece de fuerza y de vida.

Entrenar el espíritu es desarrollar cualidades morales fundamentales. El Bushido expresa estas cualidades: sinceridad, coraje, lealtad, honor, compasión, cortesía y honradez.

En el arte marcial nos disciplinamos y dedicamos devotamente para asimilar y profundizar en estas cualidades. Es un camino de perfeccionamiento que lleva toda la vida.

“El Aikido es un método para revelar la razón de ser de toda la Creación”. (O´Sensei)

El Aiki de Aikido se refiere a las vibraciones del orden universal.

“Aiki es crear el Orden Universal dentro de nuestros propios cuerpos. Esto se logra mediante la unificación y la absorción por completo del Orden Universal dentro de nuestros cuerpos.
Entonces nos convertimos en uno con los corazones de las personas en todo el mundo.
Llegamos a estar enlazados en armonía y unidad. Por supuesto, esto significa que ya no puede haber ninguna guerra, y que no se manifiesta ningún tipo de agresión.
Todo se convierte en una parte de la unión. Sin esto, la verdadera fuerza no puede ser realizada. Y, sin todo tu entrenamiento esto sería en vano.
Por esta razón, los que, practican las artes marciales nunca deben olvidar el espíritu original, y deben esforzarse por reconocer esto en todo momento. Debemos esforzarnos para cumplir con nuestros roles como personas nacidas en este mundo como una parte material y espiritual de este gran Todo. Nosotros debemos por lo tanto, recordar siempre que este Espíritu original es el gran padre del Universo.
El cuerpo físico, como una cristalización de la materia cósmica y de la esencia, se entrena en el camino de la vida humana para convertirse en uno con el Universo y para acumular su energía milagrosa ("el espíritu sutil")”. (O´Sensei)



Entrenamos nuestro espíritu para conectarlo con la fuente original. Conectándonos con la fuente original el Universo prospera y nuestro cuerpo-espíritu alcanza su plenitud.


domingo, 23 de abril de 2017

Los dos lados de la verdad

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Si bien, de acuerdo a las más antiguas enseñanzas y a la propia intuición al respecto, el universo es mental, es una creación del Espíritu. Este es solo uno de los lados de la totalidad de la verdad. Desde este lado, podemos decir que lo único real es la Mente creadora, la que llamamos Dios, y que todas sus creaciones son parecidas a un sueño o a una imaginación pasajera, es  decir: sin sustancia propia y en continuo cambio.

Cuando decimos que las cosas no tienen sustancia propia, podemos cometer fácilmente el error de no considerarlas como son en realidad.

Nuestra naturaleza, al igual que todo en la naturaleza, tiene 2 aspectos: el Absoluto y el Relativo.

Los maestros han estado y están constantemente advirtiendo a sus estudiantes contra el error de omitir el "otro lado" de cualquier cuestión. Y sus advertencias se dirigen particularmente a los problemas de lo Absoluto y lo Relativo. Esto deja perplejos y confundidos a muchos ya que contradice lo que se acepta generalmente como "sentido común".
Por eso es importante abrir la mente a este conocimiento, y asegurarse de captar la esencia de lo absoluto y lo relativo. Si no es así, uno estará siempre encerrado en la prisión de la verdad a medias (que es una falsedad). Así que reflexionen, sientan y busquen siempre el equilibrio en cada pensamiento, en cada palabra y en cada acción.

Reflexionando profundamente podemos darnos cuenta de la verdad de que el Universo es una creación mental de Dios, y por lo tanto el universo y todo lo que contiene es una mera ilusión, una irrealidad, contra lo cual nuestros instintos se revelan. Pero esto, como todas las otras grandes verdades, debe considerarse tanto desde el punto de vista absoluto como del relativo.

Desde el punto de vista absoluto, por supuesto, el Universo y todo lo que contiene posee la naturaleza de una ilusión, un sueño, una proyección luminosa creada por el Espíritu mismo. Podemos darnos cuenta de esto incluso con nuestro punto de vista ordinario, pues hablamos del mundo como " un espectáculo fugaz " que aparece y desaparece, nace y muere, somos sensibles a la impermanencia y el cambio, a la finitud e insustancialidad. Esta es la idea que se nos presenta del universo creado cuando se contrasta con la idea del Espíritu Creador eterno e inmutable, no importa lo que puede ser nuestras creencias acerca de la naturaleza de ambos.

Todo lo que tiene un principio y un final debe ser, en cierto sentido, irreal y falso, ilusorio, y el Universo que percibimos no escapa a esta regla

Desde el punto de vista absoluto, no hay nada real excepto Dios, el Espíritu o la Conciencia responsable de la Creación, no importa qué términos podemos utilizar para pensar o hablar de este asunto.
Ya sea que el Universo es una creación material o una creación espiritual en la mente de Dios; es insustancial, no duradero, sujeto al tiempo, al espacio y al cambio. Quisiera que se den cuenta de este hecho a fondo, para poder comprender verdaderamente la naturaleza mental del Universo.

Pero el punto de vista absoluto muestra sólo un lado de la imagen, el otro aspecto es el relativo.

Podemos decir que la verdad absoluta, "son las cosas como la mente de Dios las conoce, mientras que la verdad relativa es, " las cosas como nuestro entendimiento más elevado las puede comprender”.

El punto de vista de Dios es absoluto
El punto de vista del humano es relativo

Obviamente, no podemos conocer conscientemente el punto de vista absoluto, ni mucho menos intentar describirlo, pero podemos conocerlo de manera  intuitiva e inconscientemente, asumiendo que nuestra conciencia es una proyección de la conciencia única, creadora de todo, lo que venimos llamando Dios.

Y así, mientras que para Dios, el Universo debe ser irreal e ilusorio, un mero sueño o el resultado de su imaginación; para las mentes finitas que forman parte de ese universo, y que lo perciben a través de sus facultades mortales, el Universo es muy real, y debe ser considerado así.

Al reconocer el aspecto absoluto, no debemos cometer el error de ignorar o negar los hechos y fenómenos del universo tal como se presentan a nuestros sentidos y facultades.
Recuerda, no somos Dios, somos su creación, una proyección de su conciencia.

Por ejemplo, todos reconocemos el hecho de que la materia "existe", es evidente para nuestros sentidos, nos irá mal si no lo hacemos.
Y sin embargo, incluso nuestras mentes finitas entienden la explicación científica de que de acuerdo a la física moderna, no hay tal cosa como la materia, lo que llamamos materia es meramente una agregación de átomos, los cuales están constituidos de partículas que en realidad son energía vibrando a altísima velocidad.
Golpeamos una piedra y sentimos el impacto, parece ser real, a pesar de que sabemos que es simplemente lo que hemos dicho antes.
Pero también tené en cuenta que nuestro pie, que siente el impacto por medio de nuestro cerebro, es también materia, constituida de partículas que no son más que energía vibrante, y de hecho nuestros cerebros, son lo mismo.
Y, a lo mejor, si no fuera por nuestra mente, ni nos enteraríamos del pie o de la piedra en absoluto.

La materia es importante para nosotros mientras permanezcamos en el plano de la materia. Pero incluso reconociendo que la materia es en sustancia solo movimiento de la mente, esto no la hace menos materia.
Mientras que en el plano de la materia hay que reconocer sus fenómenos, podemos controlar la materia (como todos los Maestros en mayor o menor grado lo hacen), pero solo podemos hacerlo mediante la aplicación de fuerzas superiores.

Cometemos un error cuando tratamos de negar la existencia de la materia en el aspecto relativo. Podemos negar su dominio sobre nosotros, y con razón, pero no debemos intentar ignorarla en su aspecto relativo, al menos mientras permanezcamos en su plano.

Tampoco las leyes de la naturaleza son menos constantes o efectivas, cuando los conocemos, aunque sepamos que son simplemente creaciones mentales. Se encuentran en plena vigencia en los distintos planos. Cada plano del Ser y de la vida tiene sus propias leyes, si bien en esencia no hay separación.

Solamente superamos las leyes de los planos inferiores, aplicando leyes de los planos superiores, esto es: la mente controla la materia, y es de esta manera solamente que podemos realizar una verdadera transformación o alquimia espiritual.

Este proceso no queda solo en la imaginación, intervienen la actitud mental correcta, la respiración correcta, la postura correcta, la forma de vida correcta y la práctica correcta

No podemos escapar de las leyes y principios de la naturaleza, pero si podemos (y debemos) conocer el funcionamiento de los diferentes planos de nuestra existencia (espiritual, mental y físico).
Existen niveles que ni siquiera soñamos, pero esa es parte de nuestra evolución y algún día podremos acceder, con el corazón abierto y la mente clara. No solo es nuestra evolución personal, es la evolución de nuestra especie y la de todo el universo.

El plano físico o material; el nivel de nuestra realidad cotidiana tridimensional, está asociado a un estado de conciencia que se corresponde con una determinada vibración cerebral, dominada por ondas Beta.

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Es la actividad cortical del hemisferio izquierdo que produce un tipo de pensamiento secuencial, encadenado (un pensamiento pegado al otro) que crea una realidad material, separatista, densa y conceptual. Cuando no hay espacios o silencios entre los pensamientos, lo que se genera, al igual que en la música, es RUIDO.

Mientras no trasciendas los límites de tu pensamiento ordinario, permanecerás siempre prisionero de sus límites y este será el alcance y el tamaño de tu vida, ni más ni menos.

Aikido es el camino para unificar el cuerpo y la mente, para encontrar la armonía con el flujo de energía universal y desarrollar cualidades humanas superiores.
Debes realizar tu alquimia espiritual en la vida diaria.
Esto significa asimilar, transformar y responder eficazmente.
Cada situación es única.
En Aikido estudiamos esto. Nos entrenamos en armonizarnos con el movimiento para controlar cada situación.

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Estudiar estos principios, reflexionar, entrenarte en el espíritu del verdadero Budo, aumentar tu nivel de energía, entrenar tu tolerancia y compasión y mirar lejos (y también donde pones los pies!).

De esta forma, podrás ir más allá de tus límites, abrazar las contradicciones de la vida, curar enfermedades y crear una realidad feliz y luminosa.

El propósito de esta lección, es transmitirte este principio fundamental de equilibrio.

Aunque comprendas y aceptes intuitivamente que vives en un universo insustancial, creado por la mente y que tu propio cuerpo es materia de cambio y transformación, luz viva condensada por un breve momento; debes asimilar que experimentas una vida humana, viviendo por un rato en una realidad física (que a veces duele y pesa).

Si comprendes el valor de la materia y del mundo físico como vehículo de experiencias, aprenderás a controlarlo y a desplegar tu poder mental, que es otra de las fuerzas de la naturaleza, para crear la realidad que deseas y necesitas.

Considera siempre los dos lados de todas las cosas.


“La hoja del álamo cae siempre mostrando sus dos lados”

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domingo, 9 de abril de 2017

La sabiduría del Aikido

El objetivo de la práctica del Aikido no se limita al entrenamiento sobre el tatami sino que debe extenderse por todos los aspectos de la vida.
Limitado únicamente al aprendizaje de una técnica, no reviste especial valor.
Debemos asumir la práctica cotidiana de un samurai.
Veinticuatro horas dedicadas a la educación de la conciencia, la sensibilidad, la intuición y la acción. Y lo más importante, el desarrollo de los valores humanos y la moral.

Samurai significa servidor. Servimos al Espíritu, a Dios. Hay que transformarse en un vehículo de la conciencia superior, y para que eso ocurra debemos aprender a armonizarnos con el flujo de energía universal, sintonizarnos con los espíritus de la naturaleza y unificar la mente y el cuerpo.


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El proceso de aprendizaje puede ser arduo y difícil y a veces parecer lento e inacabable. Esto es debido a nuestra mala educación, nuestras debilidades y los errores de juicio que cometemos a menudo.
Pero el mayor error que puede cometerse es pretender no cometer jamás un error. Sólo quienes no intentan aprender sinceramente, mejorar, ponerse en cuestión, nunca cometen errores. Un error hace posible la creatividad. Sin error no hay posibilidad de cambio.
Lo importante es no cometer el mismo error dos veces.
La memoria es fundamental. El estudio es la clave.

Pero estudiar no quiere decir leer y leer no significa comprender.
El conocimiento a través de la lectura o los videos, puede ser de ayuda, pero no pierdas nunca el verdadero objetivo de tu entrenamiento.

Preguntate qué es el do del Aiki y del Budo.


Este do es la vía del que rehúsa tener enemigos. Es el do victorioso que no vierte ni una sola gota de sangre, que no hiere ni humilla, que pone fin a los conflictos antes de que surjan. Es el do de la confianza y el firme propósito que no acepta la mediocridad ni el autoengaño.

El Aikido no es la Vía de la debilidad y la huida ya que el Budo pertenece a quienes están armados de fuerza y determinación. La Vía debe conducir a un mundo de armonía y respeto mutuo.



No es leyendo libros como desarrollarás tu poder personal y encontrarás la sabiduría.
La sabiduría sólo puede sobrevenir de la experiencia. Tu cuerpo y tu mente deben impregnarse del universo y la naturaleza que te rodean. Tu alma debe reflejar esta sensación, te apartarás así de toda visión corrompida y deformada.
Tu poder personal aparece al volverte una imagen viva del universo.

La práctica del Aikido no debe limitarse al entrenamiento en el dojo.

O Senseí enseñaba: “Conocer un movimiento de Aikido es sólo el primer paso. Sin acción, este conocimiento carece de sentido. Sin pureza de alma no puede accederse a la verdadera Vía del sable. Esto es Masagatsu Agatsu Katsu hayabi.
Agatsu significa la victoria sobre uno mismo a través de la pureza del alma. Masagatsu es la victoria justa, la buena Vía. Katsu hayabi es el despertar espiritual fuera del tiempo y el espacio, aquí y ahora, en este preciso momento. La asociación de estas expresiones constituye la base del sbugyo. Sin esta sabiduría no hay posibilidades de desarrollo.
El día que dejes de temer o sentirte débil será el fin de tu destino. Tu entrenamiento se detendrá abruptamente. ¿Cómo puede encontrarse la verdad en el mundo de la competición si siempre hay un vencedor y un vencido? Imagínate en un campo de  batalla, rodeado de fusiles enemigos, y comprenderás lo que quiero decir. Si te refugias en el viejo concepto marcial de la victoria, jamás alcanzarás la paz”.

Inevitablemente, la competición produce una víctima. Éste es un mundo sin piedad, competitivo,  que se alimenta de la miseria y el sufrimiento del prójimo, un mundo de inseguridad permanente que ignora la sensación de libertad y felicidad, repleto de víctimas y de abusadores.
Desde pequeños somos confrontados a esa presión del medio, a una necesidad de éxito y a la cultura de la individualidad y la estupidez.

Nuestra sociedad tiende a colocar la fortuna y la fuerza física por encima de los valores humanos. Esto no solo es un problema de educación, el miedo y la codicia están enquistados en un gran número de individuos.
Allí donde domina la confusión y la falta de comunicación, los valores humanos se degradan. Lo más importante es conocerse a si mismo.
Sin una consciencia de uno mismo, cualquier conocimiento puramente teórico sólo llevará confusión a tu espíritu.

Si sigues la sabiduría del Espíritu alcanzarás la verdad. Pule el espejo de tu espíritu por medio del misogi (la purificación).
La verdad está eternamente presente, sin embargo, no te ates a nada. Aun cuando pienses que has incluso  alcanzado la iluminación, no lo creas ciegamente. No será más que un espejismo, una ilusión creada por tus propios límites. Si buscas siempre tu despertar personal, pasarás la vida intentando atrapar su sombra.

Renuncia a esta atadura, la codicia se desvanecerá y se hará el vacío para acoger al espíritu de verdad. Para y deja que tu vida se funda con el espacio y se convierta en una parte de la realidad divina.

Entrenate y busca tu perfección. El verdadero Budo yace dentro tuyo, desccubrilo. Tenelo presente durante el entrenamiento.

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El Aikido no es una gimnasia ni un deporte. Es una disciplina, un proceso educativo para el entrenamiento de la mente, el cuerpo y el alma. No tiene por objeto el mero estudio de una técnica, ésta es sólo una herramienta para el refinamiento personal y el crecimiento espiritual.

El Aikido no es una pelea callejera. Vienen al dojo para trascender y purificar vuestras reacciones agresivas, para adoptar el espíritu de un samurai a través del descubrimiento de la propia responsabilidad social.

No debe haber espíritu de competición sobre el tatami. El objetivo del Aikido no es pelear y derrotar al enemigo sino pelear y derrotar a los propios miedos e instintos agresivos.
La fuerza del Aikido no reside en la potencia muscular sino en la flexibilidad, la comunicación, el control de uno mismo y la modestia.

No existe una forma correcta o incorrecta en el Aikido. En tanto un movimiento obedezca a las leyes físicas del universo, es correcto.

Obedeciendo estas leyes naturales, la actitud ha de ser correcta. Quien obedece estas leyes, sigue la Vía (la voluntad) de Dios. El Aikido no supone el aprendizaje de una técnica sino el aprendizaje de la sabiduría.
Los kata individuales no existen en el Aikido porque éste se basa en la armonía de las relaciones y en la resolución del conflicto, y desde este punto de vista cada situación es única y diferente.

El tatami no es un lugar en el que la gente viene a competir o imponer sus ideas a otros sino a aprender a escucharse y comunicarse. En el tatami no podemos disimular nuestra verdadera personalidad. Nuestras flaquezas y talentos siempre acaban manifestándose. Transpiramos juntos, soportamos juntos el estrés, nos ayudamos mutuamente y aprendemos a confiar en el otro. Cada uno estudia los mismos principios universales y la sustancia espiritual, que es la misma en cada uno, se vuelve clara cuando cae la máscara del miedo y el egoísmo.
Si estuviéramos solos en el Universo, sin nadie con quien hablar, con quien compartir un momento agradable, con quien reír, sin nadie a quien tocar, a quien amar, ¿cuál sería la razón de vivir? El amor da sentido a la vida.
Debemos descubrir la alegría de estar juntos, la alegría de los desafíos, la alegría del crecimiento.

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En el Aikido no se gana. Al querer ganar, pierden y hacen perder a vuestro compañero. Si creen que la vida es pura competición, jamás ganarán ya que no están libres de la muerte.
Pero, si perciben la vida como un proceso de creación universal, llegarán a ser eternos, porque formarán parte del proceso. Si consideran que el desarrollo del cuerpo y la mente es el comienzo del crecimiento espiritual, vuestra fuerza será eterna.
El espíritu de desafío no supone un espíritu competitivo. El mayor desafío consiste en desafiarse a si mismo.
No hay que pasarse la vida buscando seguridad. Si tienen el cuerpo cubierto por un caparazón, serán incapaces de moverse, de luchar, de protegerse y proteger a los demás.

El Bushido implica desafío y sacrificio.
Es el poder y la fuerza de un espíritu independiente e indomable.
Un espíritu dependiente es débil pues no es capaz de sacrificar su ego y su codicia. Para ser verdaderamente independiente y saborear el reto de la libertad, el espíritu debe estar vacío.

Finalmente, uno mismo es el único responsable de su crecimiento.
Es uno el que crea su propia realidad.


viernes, 10 de marzo de 2017

El Aikido y la naturaleza


Hoy en día no es fácil comprender el sentido profundo del Aikido. ¿Qué significa la armonía con la energía universal, con la naturaleza?  ¿Cuál es el significado de conocerse a si mismo? ¿Es posible realizar el ideal de un mundo en paz, de una sociedad que viva en armonía, de que el ser humano pueda evolucionar de acuerdo a su naturaleza divina?

La forma de vida moderna atenta contra el desarrollo del espíritu humano. El exceso de estímulos artificiales, de materialismo, de ocupaciones y preocupaciones, la necesidad de éxito a toda costa y la falta de sensibilidad social y de solidaridad, lejos de ofrecer armonía, salud y felicidad, generan en muchos frustración, aislamiento y miedo, constituyendo un verdadero problema.

¿Cómo salir de este atolladero en el que uno mismo se ha metido?

El Aikido es una forma inteligente y eficaz de emprender este camino.

No hay que verlo solo como un arte marcial en el sentido de la autodefensa. No se trata de vencer a los demás ni de imponerse. No es un juego ni una demostración de fuerza.

Los movimientos del Aikido deben entenderse desde sus mismas raíces nacidas de la armonía con la naturaleza. Estos movimientos nos enseñan las leyes del universo. Su objetivo es desarrollar  una comprensión y una apreciación más profundas de la perfección del equilibrio natural, así como reestablecer la armonía en las relaciones entre los seres humanos y Dios.


Este camino de autoconocimiento y desarrollo personal puede producir en cada persona un vívido recuerdo de sus orígenes y ayudar a rescatar de su subconsciente el recuerdo de los comienzos de la vida y de su verdadera naturaleza. Recuperar esta memoria ancestral genera naturalmente compasión y sabiduría y expande el sentimiento de agradecimiento al Creador y a la naturaleza.

Esta actividad del espíritu, no es ninguna “religión” ni un dogma, simplemente es un movimiento expansivo natural en un cuerpo y mente unificados.


Con mucha facilidad olvidamos nuestras raíces. En nuestro egoísmo olvidamos el delicado equilibrio de la interdependencia de nuestra vida con la de los demás. Si todos tratáramos los recursos naturales con respeto, amor y comprensión, si los utilizásemos con una auténtica actitud de agradecimiento a Dios, la naturaleza estaría protegida y la calidad de vida se enriquecería. Al proteger la naturaleza protegemos a la sociedad. Al proteger a la sociedad nos protegemos a nosotros mismos. La autodefensa supone la protección y el mantenimiento de la vida. Si se destruyera la naturaleza, se destruirían los requisitos más esenciales de la supervivencia.

Para sobrevivir tenemos que alimentar a nuestro cuerpo. Si no hay alimentos, si el agua y el aire están contaminados, si los alimentos naturales están manipulados, no hay vida ni sociedad posibles.
Ésta es la esencia del Budo, el camino del guerrero. No se trata del limitado arte de una técnica de lucha, sino del arte de salvar la vida. Y el Aikido es fundamentalmente Budo.
Un guerrero, en el arte del Budo, es ante todo un ser espiritual, que trata por todos los medios de resolver armoniosamente el conflicto. El único enemigo son sus propios miedos y debilidades y para eso se entrena con devoción, haciendo de su mente su espada, de su espíritu su escudo y de su cuerpo un templo.


“El propósito del entrenamiento es tensar lo flojo, fortalecer el cuerpo y pulir el espíritu”
O´Sensei Ueshiba

¿De qué sirve una técnica de lucha si cerca nuestro hay miles de personas que sufren privaciones y mueren de hambre? ¿Qué significa el éxito en medio de la infelicidad, o la victoria a costa del sufrimiento de los demás?
¿De qué sirve el éxito si no hay alimentos, si no hay felicidad, si la vida carece de sentido?
Muchos de los grandes maestros de Budo comprendieron esta verdad. Así pues muchos de ellos abandonaron el sable y regresaron a trabajar la tierra y otros dedicaron su vida a enseñar a los demás y a difundir el arte de la paz.

Vivimos en una sociedad de despilfarro, mediocre, superficial y sin valores humanos, con comidas instantáneas y tecnología descartable; cualquier exceso de materialismo, de pereza y de egoísmo constituye un crimen contra la naturaleza. Al aceptar incondicionalmente esto, en cierta forma todos somos criminales, ya que no solo matamos al espíritu, nos estamos asesinando a nosotros mismos.

La paz y la armonía no suponen un juego de lógica, ni un dogma, ni reglas autoritarias de comportamiento que generen separaciones y más conflictos. Sólo a través de la paz
y la armonía, así como de un profundo respeto por la leyes de la naturaleza, podremos salvar nuestras vidas, las vidas de nuestros hijos y la de los hijos de nuestros hijos.

Ésta es la enseñanza de los grandes maestros y es la esencia del Aikido, y es lo que día tras día en nuestro entrenamiento cotidiano tratamos de comprender y de desarrollar.



miércoles, 1 de marzo de 2017

¿Qué es el Aikido?


El Aikido es un arte marcial de origen japonés creado por un gran maestro, Morihei Ueshiba, quien se dio cuenta de que un desarrollo saludable de la mente, el cuerpo y el espíritu necesita un entrenamiento disciplinado en un contexto de respeto y amor.
El Aikido es un sistema de autodefensa muy efectivo. 

El maestro Ueshiba nació en 1883 en Japón, cuando muchas de las artes marciales todavía eran enseñadas por maestros en la antigua tradición. En su juventud ya dominaba varias artes marciales incluyendo la esgrima y varias formas de autodefensa sin armas.


Al mismo tiempo se convirtió en una persona profundamente espiritual y diseñó un nuevo sistema de "budo" (el camino del guerrero) que proporcionaría una base para el desarrollo físico y espiritual. A este sistema lo llamó Aikido: el camino (do) de la armonía (ai) con la energía universal (ki). 

Por "ki" se entiende el espíritu de vida creativo del universo: la propia energía vital, la misma energía que fluye por todas partes animando a todos los seres y dando forma a todas las cosas...

"El verdadero budo es el camino de la armonía y del amor para todos los seres" escribió el maestro Ueshiba. Expresando que el Aikido es mucho más que un método de autodefensa, agregando: "Quiero que la gente reflexione escuchando la voz del Aikido. No es para corregir a otros; es para corregir su propia mente”.

A diferencia de la mayoría de las artes marciales, el Aikido busca desviar más que bloquear una acción. El objetivo es siempre armonizar con el movimiento de un oponente o compañero y continuarlo mientras controla y redirige la energía conectada.

A través del Aikido se puede desarrollar una defensa completa contra ataques físicos.


El Aikido ayuda a desarrollar resistencia, velocidad de reacción, flexibilidad, estado físico y buena salud.

A medida que se progresa en la práctica se desarrolla una mente tranquila y una mayor confianza, proporcionando estabilidad mental, emocional y física. Los movimientos en los ejercicios y técnicas de Aikido permiten corregir la postura corporal y eliminar el estrés y la tensión, concentrándose en la relajación y la respiración. Estos patrones repetidos van instalando instintivamente calma, autocontrol y respuestas relajadas a todas las situaciones.


El practicante aprende a tener una actitud más relajada, estando a gusto consigo mismo y con los demás.

El Aikido te dará nuevos despertares, percepciones y una mayor comprensión de ti mismo, ampliando tu mente e iluminando tu corazón.




viernes, 24 de febrero de 2017

Hacia una verdadera educación



La educación y el sentido de la vida

Sin una verdadera educación la vida carece de sentido.

Esto se hace evidente si asumimos que venimos a este mundo para aprender y elevar nuestra condición de seres humanos, desarrollando habilidades cognitivas, entrenando el cuerpo y la mente con un propósito superior y ampliando nuestra conciencia.


¿De qué sirve la educación si no inculca virtudes en las personas?

La verdadera educación se preocupa por la libertad del individuo, transformándolo en alguien solidario que no solo busca el éxito propio a expensas de los demás y desconectado del entorno en el que vive. La libertad es el resultado del autoconocimiento, cuando la mente se eleva por encima y más allá de los obstáculos que ella misma se ha creado al ansiar su propia seguridad.

La función de la verdadera educación es ayudar a cada persona a descubrir su verdadero potencial y a trascender todos los obstáculos psicológicos, y no simplemente imponerle nuevos patrones de conducta, nuevas maneras de pensar. Tales imposiciones nunca despertarán la inteligencia y la creatividad, sino por el contrario condicionarán aun más al individuo. Evidentemente esto es lo que está sucediendo en todas partes del mundo, y por eso nuestros problemas continúan y se multiplican.

Es sólo cuando empezamos a entender la profunda significación de la vida humana que puede haber verdadera educación; pero, para entender, la mente debe librarse del deseo de recompensa que engendra el temor y la conformidad. Si consideramos a nuestros hijos como propiedad personal, si para nosotros ellos son la continuación de nuestros pequeños egos y la realización de nuestras ambiciones, entonces crearemos un ambiente, una estructura social en la cual no hay amor, sino la persecución de nuestras propias ventajas y beneficios.

Hoy en día de más en más se expande el negocio de la educación. Escuelas, colegios y universidades “privadas” que privilegian el éxito de sus empresas y el prestigio antes que brindar una verdadera enseñanza y asegurarse que cada niño y cada joven aprendan y puedan expresarse libremente.

Si los padres realmente aman a sus hijos, se preocuparán de que estos reciban una verdadera educación con maestros de verdad, que los respeten, que los animen y que los formen, y no que se los utilice para cualquier otro fin.

Una verdadera educación forma personas libres, inteligentes y solidarias. Y este no es el interés de los que controlan a la sociedad.

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domingo, 5 de febrero de 2017

Los 7 planos de la conciencia


Planos de correspondencia
  
He aquí una breve descripción de los planos o niveles de la conciencia:

1) El TODO (la Mente Creadora, Dios, la conciencia total o como prefieras llamarlo/a).
Es el nivel más fundamental. Es la unidad absoluta. Es el punto cero. Es el origen de la vida y de cualquier manifestación de la conciencia. De esto no se puede hablar ni intentar clasificarlo, porque es la fuerza o la conciencia de la cual surge todo lo creado: desde complejos universos hasta la más ínfima partícula y por eso excede nuestra limitada capacidad humana.

2) Conciencia cósmica o mente universal: subconsciente profundo, conciencia Alaya, es multidimensional, no localizada, es la sede del conocimiento y el almacén de la memoria universal. Forma el cuerpo espiritual. Es la mente unificada. Es la luz total, que no viaja ni mueve por no estar dividida. Es anterior aún al deseo que provoca su movimiento y separación.


3) Éter o plasma: es el primer movimiento de la conciencia (pensamiento) que se separa para cumplir con los deseos de la mente. Es multidimensional, es la sede de los registros akásicos, que es el almacén cósmico de información.
Presenta varios niveles de densidad. Forma el cuerpo etérico y su vibración tiende a condensarse en formas materiales. Es la sustancia tenue que llena todo el espacio.


4) Cuerdas y/o Quarks (componentes fundamentales de la materia): corresponde al nivel cuántico, es la sopa cuántica donde se cocina el mundo físico. A partir de este nivel aparecen las partículas y se crea la realidad física. Forma el cuerpo de energía o cuerpo luminoso.


 5) Partículas subatómicas: es el nivel por debajo del átomo. Es el dominio de los electrones, protones, neutrones, fotones (luz en movimiento: como partícula presente en los intercambios de energía). Electromagnetismo.. El elemento que lo representa es el fuego. Forma el cuerpo mental.


6) Átomo: es el primer nivel de la materia: representado por gases (aire) y líquidos (agua). Se definen los elementos constitutivos de la materia (tabla periódica). Se crean el tiempo y el espacio como los conocemos. Es el cuerpo físico no visible e incluye al cuerpo emocional, ya que las emociones son las más físicas de las vibraciones sutiles.

Átomo de hidrógeno

7) Molécula: es el más físico de los niveles. Forma la materia como la conocemos y sobre la que nos informan nuestros sentidos: Corresponde a los sólidos (elemento tierra). Células. Tejidos. Organismos. Es el nivel de las reacciones químicas y de la información genética. Forma el cuerpo físico visible.
  
Célula

El diagrama se presenta de forma lineal para su explicación, pero estos niveles existen simultáneamente ya que la conciencia es una y sin separaciones, hay que entenderlo como infinitos campos de onda que aparecen, crecen, evolucionan y desaparecen para volver a aparecer eternamente en ciclos.
  
El espíritu se transforma en materia. La materia libera espíritu.
La materia es energía concentrada. La energía es materia liberada.
La energía es luz, la luz es vida, la vida es conciencia.
La vida y la conciencia impregnan toda la Creación.

 A partir del TODO, es decir, Dios o la Mente Creadora, omnipresente, inmóvil e indiferenciada, la conciencia comienza a moverse (vibrar) para cumplir los deseos del Creador de realizar o plasmar su imaginación, esto es la Creación.

Desde la tenuidad extrema hasta la densidad de la materia, cuanto más se acerca a los planos físicos, más se diferencia y toma el aspecto de una creación individual, cuyo único propósito es el de contener a la conciencia, es decir, servir de vehículo de información y energía, manteniendo el equilibrio con todo el cosmos.

Si comprendes esto podrás asumir más fácilmente el hecho de que vives en un universo lleno de luz y conciencia, en el que abunda la energía y la vida y cuyo lenguaje común es la transformación y el intercambio rítmico equilibrado.

El universo, con todas sus manifestaciones, es una creación del espíritu.
La realidad en la que vives es una creación del espíritu.
Tu cuerpo mismo es una creación del espíritu.

Tu conciencia individual es una extensión de la conciencia total (la Mente Creadora) y tienes la capacidad para hacerla vibrar y ascender a planos superiores de tu ser o no hacer nada y resonar por defecto con la frecuencia básica y material.

En esencia no hay diferencia, sin embargo, en los niveles superiores tu conciencia se vuelve cósmica, se expande, gana en información, energía y posibilidades. Es el camino de la iluminación.

Si no cambias tu percepción ordinaria y material del mundo que te rodea y de ti mismo, vivirás prisionero de tus sentidos y de la realidad física que has creado: desequilibrada, tensa, limitada y generalmente dolorosa.

De aquí la importancia de estudiar la conciencia, comprender como están hechas las cosas y como influir en ellas, controlar tu mente y tus emociones, aprender a respirar y a conectarse con la naturaleza. Es el camino del autoconocimiento y del cultivo de la energía. Es la vía del despertar.
   
La Conciencia experimenta y se conoce a través de sus creaciones
Somos la Conciencia experimentándose a si misma