lunes, 25 de julio de 2011

Las imitaciones del Zen


Enseñanza del Maestro Sawaki en el Dojo

Un poema del Shodoka de Yoka Daishi dice:

"Cuando súbitamente se comprende el Zen del Buda,

Las seis perfecciones y las diez mil practicas

se realizan perfectamente en el cuerpo".

El satori hace pensar en una carrera de prestidigitación, o a una lámpara que alumbra en el espíritu, siempre tenemos la impresión de que alguna cosa ha cambiado. Por eso es importante profundizar en esta frase: "Cuando súbitamente, se comprende el zen del Buda."

Una práctica desnaturalizada conduce a aberraciones, tanto en los asuntos como en la Vía del Buda. Incluso la práctica de zazen puede convertirse en infernal o codiciosa, por ello es necesario saber discernir las prácticas imitatorias para alcanzar el verdadera zen, el zen del Buda.

Parece que cuando doy la vuelta al dojo, kyosaku en mano y que paso detrás de las filas "nubes y agua", escalofríos recorren los músculos de la espalda como si yo fuera una serpiente. De pronto, las posturas se enderezan, pero cuando el peligro se aleja, se dejan caer de nuevo. ¡También tengo que golpear fuerte cuando uno se duerme, pero siempre para recomenzar! He aquí lo que yo llamo "el zen del infierno." Si zazen es tan duro, ¿porqué estos tipos se hacen monjes? No entiendo.

Hacer zazen para curarse de una enfermedad me parece menos aberrante. Un monje vino a decirme el otro día se había desecho de su beriberi gracias al zazen. En dos o tres meses, añadió. No se si ha recuperado de nuevo la salud pero ha adquirido una bella postura, muy digna.

Se dice que se cae enfermo cuando no se tiene nada que hacer, siendo una buena ocasión para hacer zazen y curar de un solo golpe sus males de estómago teniendo en cuenta que se está confinado en una habitación como en una lata conservas, y que no se puede caer en la tentación de roer escondido, o de comer demasiado - lo que a menudo es la causa del mal de estómago. Por otro lado, no hay tiempo para darse a pensamientos ociosos cuando se oye el cimblar el kyosakualrededor de si mismo, así el espíritu desecho de cualquier otra preocupación, no vagabundea más allá. Que zazenconstituya una terapia infalible para los problemas psíquicos, a condición que sean ligeros, estoy convencido, pero el objeto del zazen no es curar los cuerpos enfermos. No tenemos tiempo verdaderamente para consagrarlo a sus pequeños males.

Hace algún tiempo tuve forúnculos en el culo, dos a la vez. En aquella época estaba muy ocupado porque dirigía dos sesshines, una dentro de casa y otra fuera y no tenía tiempo de llamar a un médico. Me dolía mucho al sentarme inmóvil y cuando el dolor se volvía insoportable, me levantaba y andaba por el dojo. Está en mi naturaleza el golpear con todas mis fuerzas cuando doy el kyosaku e incluso solo cuando paso, provoco una tensión que de pronto endereza las espaldas. Entonces yo me decía andando que gracias a estos forúnculos, ¡obtendré méritos infinitos!. Tenía una pomada, pero como tenía que desplazarme de un sitio a otro sin parar, renuncié a ponermela y dejé las cosas seguir su curso. Se abrieron sin que me diera cuenta.

¿Será zazen un remedio soberano contra los forúnculos?

Antiguamente, el gran sabio Sôkô Zenji tuvo un forúnculo grave y cuando le dijeron que podía morir, contestó que en ese caso debía absolutamente continuar zazen. Lo que hizo con todavía más ardor y, digamos, que se curó. En nuestra época, cuando nuestra vida está en juego, pensamos que ya no es el momento de practicar zazen. Los antiguos, al contrario, sabían que haciendo zazen el acceso iba a abrirse por si mismo, vaciarse de pus y curarse. En poco tiempo, si se concibe zazen como un sufrimiento porque se reciben golpes de kyosaku, es que practicamos un zen infernal.

Enseguida viene el zen ávido. Siempre tenemos ganas de algo, como los espíritus hambrientos y cuando un deseo se satisface, otro llega: "¡Como me gustaría este traje, como me gustarían estos productos de belleza!" dicen las mujeres, y los hombres: "¡Si solo tuviera mi sueldo!" Entre los espíritus hambrientos, muy pocos atormentados con el deseo insaciable de hacer zazen, algunos, al contrario, desean el satori. En fin, queremos todo lo que es bueno, bello y aspiramos ardientemente a la posesión de este objeto, tenemos hambre de este objeto. Un espíritu ávido que practica zazen para obtener el satori no vale mucho. Al obtenerlo, perderá la cabeza por una mujer y la misma palabra satori desaparecerá en forma de humo como un cigarrillo. Por otro lado, el espíritu ávido nunca está satisfecho. Cuando ha obtenido algo, se disinteresa. Cuando tiene dinero, quiero el poder; cuando el poder, necesita la gloria.

El siguiente es el zen animal. Este es particularmente estúpido. Solo le interesa el sexo y la nutrición. Son los biologistas quienes lo conocen mejor, es el objeto de sus búsquedas ya que la supervivencia de la especie humana se basa en el sexo y la alimentación. Añadamos a estos últimos, los que duermen sin cesar durante zazen. Está escrito en el Sutra del Loto: "Conocen solo el agua y la hierba, el resto lo ignoran." Durante zazen, se preguntan si pronto habrá un pastel o que habrá de verdura para esta noche y como estará preparado el arroz. Piensan solo en comer y cuando tienen un momento de ocio, se tumban y duermen, indiferentes a lo que sucede a su alrededor.

Luego viene el zen colérico. Es el zen de competición. Queremos ganar a los otros por velocidad y conseguir el maratón del satori. En estos últimos, no hay nada más que el deseo de ser más fuertes que los demás.

El zen humano comporta también seres raros. Se dan una bella apariencia. Algunos se hacen una raya, otros se dejan crecer la barba, llevan el kimono por encima de la ropa urbana, así transpiran abundantemente. Les gusta el dinero y dependen de él. Además de su coquetería y de su amor por el dinero, tienen supersticiones extrañas.

El zen celestial es él del éxtasis. Nos gusta zazen. Nos sentimos bien, sentados e inmóviles, felices.

Hasta ahora, haciendo zazen, nos hemos quedado en el mundo del común de los mortales. Hemos girado la rueda de la vida en los seis caminos o condiciones de existencia. Hay tipos que practican zazen y que se quedan dando vueltos alrededor de encrucijadas. Que utilizan la postura de zazen para reforzar su hara, encontrar el éxtasis, vivir mejor o comer sanamente, todo eso está fuera de nuestro propósito y no vale la pena hablar de ello. Desde la época en que Buda enseñaba, se han contabilizado noventa y seis errores de practica y eso incluye cantidad de cosas.

Entremos ahora en el enseñanza de Buda. Abajo, se encuentra el zen shômon y arriba, el zen engaku. Aquí aparece gente que han cogido una caja de un metro cúbico y que después de haberla llenado de condensado de ciencia búdica, dicen: "¡He aquí la ley de Buda, de un metro cúbico!" Dejamos de pronto esta caja en consigna, con el fin de subir a las cimas para descubrir los amplios horizontes del Bodhisattva. A este nivel, hay dos Vías: una Vía inferior, Hinayana y una Vía superior, el Mahayana.

El zen de los seis caminos o condiciones de existencia se sitúa fuera de la Vía, pero los zen Shômon y Engaku están en el interior de la Vía. Estos últimos están hundidos en la enseñanza del Buda, pero quedan todavía hombres ordinarios. Cuando se conviertan en Bodhisattva, tomarán un lugar entre los santos, porque han escapado de la fortaleza de los hombres ordinarios.

He enumerado todos los zen de mala calidad para que distingáis claramente el zen del Buda. En el momento en que entendáis, todos los demás desaparecen. El infierno, la avidez, la animalidad, la cólera, el humano, el celestial, incluso el Shômon o el Engaku, todos estos estados de conciencia ya no existirán.

Cuando zazen es fuerte, de pronto, de golpe, se realiza el Zen de Buda. Dicho de otro manera, se comprende que somos Buda.